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martes, 6 de noviembre de 2012

Un 6 de noviembre de hace 15 años

Ayer se cumplieron 15 años de la trágica riada que asoló parte de Badajoz. Como pasa el tiempo. A veces  lo pienso y asusta. Tengo muy fresco el recuerdo del día siguiente, 6 de noviembre. Esa mañana me encaminé, como tantas otras, a la facultad. Por aquel entonces, Biblioteconomía ocupaba parte de las instalaciones de los antiguos Hogares, pasando la autopista. En la Avenida de Colón eran visibles las huellas de la tormenta. Varias ramas de distinto tamaño poblaban las aceras. A esa hora ya era consciente de lo que había pasado y de que había varios muertos. Lo había escuchado en la Ser, en el programa de Iñaki Gabilondo.

Fuente foto: viviendobadajoz.blogspot.com.es

Durante la mañana llegó un e-mail a “alumnos” del decano, Carlos Castro. Se pedían voluntarios para ir a ayudar. Había que presentarse en la oficina del Plan Urban, en la calle San Juan. Mi amigo Pablo y yo no nos lo pensamos dos veces. Pasamos por mí casa y luego por la suya y nos encaminamos a San Juan convenientemente equipados (ropa vieja, botas de agua...). Cuando llegamos nos dieron algo de material (esportones, palas, cepillos, etc.) y nos subieron a 3 o 4 en un todoterreno que nos llevó a la zona cero: el Cerro de Reyes.

Fuente foto: viviendobadajoz.blogspot.com.es

Cuando llegamos, la imagen era dantesca. Barro, barro, y más barro. Y mucha gente curioseando, pero ni rastro del ejército, que llego sobre el mediodía. Inmediatamente y sin mucha coordinación nos pusimos a limpiar dentro de las casas. Fue penoso ver a la gente destrozada. Muchos lo habían perdido todo. A la hora de comer el ejército estaba sobre el terreno y nos trajeron comida de una cadena de comida rápida. Estuvimos allí hasta que oscureció. Me entrevistaron para Informe Semanal, pero cuando se emitió el programa habían cortado “mí cacho”, jejeje. ¿Qué raro, no? Como no podía ser de otra manera, metí caña sobre el caos y desorden reinante en aquellas primeras horas. 

Fuente foto: www.hoy.es

Al volver a casa, la camiseta que llevaba, blanca, de propaganda de Bacardí, directamente fue a la basura porque se había tornado marrón... Tras darme una ducha hablé con mi amigo Álvaro y nos fuimos, creo recordar que con su padre y con Loli, al Perpetuo Socorro a echar una mano. Al llegar allí había muchísima gente que había ido a ofrecerse como voluntarios y a donar ropa, alimentos... Nos mandaron a una habitación que estaba llena de cientos de pares de zapatos que la gente había donado. Estuvimos ordenando zapatos hasta no sé qué hora.

Llegué a mi casa muy cansado, pero satisfecho de haber hecho todo lo que pude, de haber arrimado el hombro. Ese día, cuando se conoció la magnitud de la tragedia, los ciudadanos de Badajoz se volcaron. Es justo decirlo. Es una de las pocas veces en las que me he sentido orgulloso de mis paisanos.